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Danza de Matlachines. Una tradición viva y con futuro

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Libro sobre tradición y patrimonio cultural inmaterial de Coahuila

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Danza de Matlachines. Una tradición viva y con futuro

  1. 1. DANZAS DE MATLACHINES Una tradición viva y con futuro
  2. 2. Iván Ariel Márquez Morales DANZAS DE MATLACHINES Una tradición viva y con futuro
  3. 3. Primera edición, 2020 D.R.© Secretaría de Cultura del Estado de Coahuila de Zaragoza D.R.© Iván Ariel Márquez Morales Autor: Iván Ariel Márquez Morales Coordinación editorial: José Antonio MacGregor Campuzano Editores: Elsa Lucía Tamez Aguirre / José Antonio MacGregor Campuzano Iván Ariel Márquez Morales Coordinación general del proyecto: Iván Ariel Márquez Morales Corrección: María Concepción Recio Dávila / José Antonio MacGregor Campuzano Elsa Lucía Tamez Aguirre Coordinadores operativos de investigación: Ana Karen Valdés Prado Héctor Alejandro Pérez Esparza Diseño: Ignacio Valdez / Nereida Moreno Fotografía: Ignacio Valdez / Germán Siller / Raúl Cantú Roberta Gómez / Fernando García Óscar Salazar / Alejandro Gómez Alep Ramírez / David Rivas Jaime Farías / Paloma Gatica Rogelio Flores / Víctor Mendoza / Sergio Badillo Reginaldo Chapa / Jesús Espinoza / Daniel Garza Imagen de portada: Daniel Garza Tobón (fondo) / Ignacio Valdez (danzante enmascarado) y foto de contraportada Diseño de portada: Nereida Moreno Impresión: Quintanilla Ediciones ISBN: 978-607-9376-65-9
  4. 4. 13 No intentes entender a México desde la razón, tendrás más suerte desde lo absurdo, México es el país más surrealista del mundo. André Bretón En 1938, el padre del surrealismo, André Breton, se topa con una obra de arte viviente, México. La diversidad cultural que acoge nuestro país se derrama sobre todo ser que pisa suelo mexicano. La comida, los colores y sus prácticas de culto recorren sus calles y se expanden hasta las fibras más sensibles de quienes habitan nuestro país, llegando así hasta una de las prácticas más internas del ser humano, su religión. La religión es el conjunto de creencias, prácticas religiosas y cosmovisiones que comparte un determinado grupo social. En este caso, me refiero al catolicis- mo, que, siendo una práctica traída desde el viejo continente, se ve arropada y enriquecida por nuestros nativos americanos que la reciben y transforman, crean- do un sincretismo que raya en el surrealismo. Ejemplos de esto lo tenemos en Coahuila como patrimonio intangible, los matlachines. MENSAJE Ing. Miguel Ángel Riquelme Solís GOBERNADOR DEL ESTADO DE COAHUILA
  5. 5. 14 Tal riqueza se concentra ahora en este libro, producto de un bien logrado tra- bajo de nuestro querido Iván Márquez que pretende poner en tus manos, lo que como coahuilense te distingue y pertenece, el patrimonio intangible del estado. Materia por la cual mi gobierno se ha preocupado e incluido en su plan de traba- jo, la conservación y difusión de nuestra cultura; es por esto por lo que aplaudo y apoyo tan acertada iniciativa que invita a los coahuilenses, y a los mexicanos en general, a acercarse a sus raíces. Auguro un gran éxito a estas páginas que han de recorrer el país mostrando la riqueza cultural de Coahuila.
  6. 6. 15 El testimonio que los hombres dejan y la necesidad de ser, de trascender a través de su historia, se inicia en los actos más íntimos, en la necesidad de explicarse su entorno. De observar desde su interior la misma mirada en otro ser humano, y de ahí partir a entender los fenómenos más extraordinarios de la naturaleza. Y nace el rito a través de varios signos y manifestaciones donde se encuentran símbolos que identifiquen y expliquen el constante devenir de la raza humana. Al abrir este libro nos encontramos con la mirada sorprendida de un niño, Iván Márquez, frente de su tienda de abarrotes en Sabinas, Coahuila, observando el llamado a los cuatro puntos cardinales de un grupo de danzantes, que tocaban sus sonajas al ritmo del movimiento vigoroso de sus pies y que veían al cielo para que fuera cumplida su manda. Un niño que al convertirse en adulto siguió igual de sorprendido y admirado ante la cultura de su pueblo. Desde entonces Iván Márquez ha estado comprometido, conectado con las danzas rituales de su pueblo, de su comunidad, de su estado, y creó un maravilloso catalogo en el que registró las más de doscientas danzas de matlachines de Coahuila y de esta manera sumó al proceso de salvaguarda de esta tradición, fomentó la creación de un pro- ducto cultural que cada año crece y se fortalece: la Matlachinada Estatal, única en su género que reúne a más de 2000 danzantes de este género popular. PRESENTACIÓN Lic. Ana Sofía García Camil SECRETARIA DE CULTURA
  7. 7. 16 Este libro que usted tiene en sus manos representa un gran esfuerzo de investiga- ción, de estudio, de cientos de acciones que por años ha hecho el autor para preservar y enaltecer las diferentes danzas de Coahuila. Un estado que le debe mucho y valora su esfuerzo, su respeto y su orgullo: porque su investigación es precisamente que él es parte de ello, involucrándose, aceptándose como uno más de los hombres y mujeres que creen en sus rezos, en su origen, en su cultura. En esos hombres y mujeres que se reúnen en torno al santo, en torno al aniversario de su pueblo, de sus seres queridos, ante la esperanza de existir en estas tierras. Danzas que muestran la sincronía de varias culturas, su identidad, danzas que alaban y agradecen, que cantan al milagro, a que se limpie la mala fortuna, a que se alejen las enfermedades, a que la paz se enraíce en estas tierras de luz. Este libro admirable de recuperación de nuestras danzas, es recuperación de nuestra cultura, es escuchar las voces de quien está directamente involucrado en el rito, de quien está convencido que los rezos, el sonido de sus huaraches, el colorido de sus trajes, el bordado de sus penachos y el canto agudo del violín no se deben perder en el olvido de los años sino que a lo largo de diferentes genera- ciones, de voz en voz, de danza en danza, se siga viendo hacia el futuro. Por eso el trabajo de Iván Márquez como investigador debe ser aplaudido, agradecer su camino por estos senderos de polvo y arena en busca de que sigamos respetando y valorando nuestras costumbres, promoviéndolas por medio de ta- lleres de cómo crear su propio vestuario, cómo crear su propia danza, su propia pastorela. Todo esto sólo indica que así como él, debemos trabajar porque estas danzas sigan tocando todas las almas de las generaciones por venir. Así como to- caron el alma de aquel niño de Sabinas. El Gobierno del Estado que encabeza el Ing.. Miguel Ángel Riquelme a tra- vés de La Secretaría de Cultura siempre aplaudirá y apoyará este tipo de trabajos y esfuerzos, convencido que nuestra cultura, nuestros usos y costumbres, siempre deben nacer de la necesidad que tenemos los individuos para reconocer y perpe- tuar que estas tierras son tierras que respetan, que reconocen el transitar eterno de sus hombres por encontrar su libertad.
  8. 8. 17 ¿Matachines? ¿Matlachines? En mis tiempos de niño, tiempos que ya tienen mucho tiempo, no decíamos ni de uno de esos modos ni del otro. Los llamábamos “danzantes”. Los danzantes. Quizá la teoría que esbozaré en seguida no corresponda a un libro tan bello como el que tienes ahora en tus manos, pero entre tantas teorías que hay quizás ésta se perderá, por eso la hago. Pienso que los saltillenses de aquellos años —los de principios y mediados del pasado siglo— no usaban aquellos términos por ser de raíz indígena. Y ha- bía una palmaria discriminación contra las que hoy se llaman etnias, en nuestro caso contra nuestros antepasados tlaxcaltecas. Ciertamente a querer y no nuestros abuelos y abuelas “bien” tenían que usar voces autóctonas —colote, metate, mol- cajete, chocolate—, pero en este caso podían optar por una palabra castellana, y era la que usaban. La gente de clase media y alta, y aun los que siendo pobres tenían la piel clara, llamaban “tecos” a los descendientes de los antiguos pobladores venidos de Tlaxcala, voz peyorativa, y por más que destacaran en algún comercio, oficio o profesión los miraban como a personas de menor valer. Había estereotipos ra- ciales. Por ejemplo, veamos a este anciano de tez morena y cabellos tupidos y en punta. Casi no tiene canas ni arrugas. Desdeñosa explicación: -Es porque es teco. MENSAJE La danza de los siglos Armando Fuentes Aguirre, Catón Cronista de Saltillo Desde el Ojo de Agua Otoño de 2019
  9. 9. 18 O sea es indio, es de origen tlaxcalteca. (Refrán al calce: “Cuando el indio encanece el español desparece.” O sea desaparece, muere). Consideremos también los dos únicos cementerios que en aquella época, la mía, había en Saltillo. Uno, el de Santiago, llevaba el nombre del apóstol pa- trono de los españoles. Otro, el de San Esteban, tenía el patrocinio del santo de los tlaxcaltecas. El primero era de gente más o menos acomodada; el otro para los humildes. Ni en la muerte se mezclaba o confundía “la villa” con “el pueblo”.     Ingratos, hay que decirlo, aunque dé pena, eran aquellos saltillenses que pre- sumían de ascendencia hispana. La verdad es que nuestros antepasados venidos de Tlaxcala nos trajeron riquezas que perduran hasta nuestros días y que forman parte indisoluble del ser y el parecer de esta ciudad. Ellos plantaron las feraces huertas que rendían el membrillo y el perón; frutos emblemáticos. Ellos nos die- ron el hermoso lujo del sarape saltillero. A ellos debemos esa gala de gula que es el pan de pulque, sabrosísimo… Y de ellos son las danzas de los danzantes, de los matachines o matlachines. “Son un rezo que no tiene palabras”, me dijo en cierta ocasión el gran maestre de la Danza del Ojo de Agua, don Francisco Gámez Cardona, apodado afectuo- samente La Gallina por su particular modo de andar. En efecto, las danzas tienen profunda raigambre religiosa. En ellas se advierte el tan decantado “sincretismo” de que hablan los eruditos, la mezcla de los antiguos ritos mexicanos con las litur- gias del cristianismo llegado del otro lado del mar. No sólo ese aspecto de las danzas, sino todos los que ofrece el riquísimo contexto de los matachines o matlachines son estudiados por Iván Márquez en su espléndido libro, en cuyas páginas encontrará el lector al mismo tiempo deleite e instrucción. Con esta nueva obra el talentoso e incansable director del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo hace una nueva y valiosa aportación a nuestra comunidad, y le entrega un testimonio inigualable acerca de una de sus más an- tiguas y nobles tradiciones. Le doy las gracias en mi calidad de saltillense, y felicito a Manolo Jiménez Salinas, excelente alcalde de Saltillo, por promover todo aquello que redunda en lustre y bien para nuestra ciudad.
  10. 10. 21 Cuando tenemos la oportunidad de observar la realización de una danza es co- mún que nos atraiga el dinamismo de los movimientos corporales o el colorido y los diseños de la indumentaria. No es frecuente que dicha atracción se acompañe de preguntas curiosas en relación a, por ejemplo, su origen histórico o bien, el sentido que su práctica adquiere en las comunidades que las conservan. Es verdad que la danza tiene una dimensión estética que nos suele cautivar, sin embargo, ésta posee otras cualidades que, sin ser tan visibles, son muy importantes para conocer de una manera más integral aquel enigma que llamamos danza. En una de nuestras 68 lenguas nacionales, el castellano, se denomina danza a la práctica artística que tiene como principal vehículo de expresión el cuerpo humano. Un sinónimo de este concepto no existe en las lenguas indígenas de nuestro país, dado que en estas culturas se usan otros términos vinculados a las ceremonias de carácter ritual, en las que el movimiento rítmico del cuerpo humano conjuga además de una dimensión estética, valiosos conocimientos y saberes relacionados con la sociedad, la naturaleza y el universo. PRÓLOGO El enigma de la danza Mtra. Amparo Sevilla deas-inah
  11. 11. 22 Las danzas tradicionales son ceremonias rituales que forman parte de un sis- tema de creencias religiosas vinculadas a la prevención y contención de las fuerzas de la naturaleza; es por ello que éstas se llevan a cabo en el contexto de las fiestas religiosas, los rituales agrarios y las prácticas curativas. Tanto en las fiestas patronales como en las ceremonias agrícolas, las danzas tradicionales constituyen una de las prácticas propiciatorias más importantes. El cuerpo humano en movimiento se transforma así en una ofrenda, ya sea para agradecer un favor recibido o solicitar un bien por parte de las deidades vene- radas. Ello se debe a que el cuerpo, en las culturas agrarias tradicionales, es el principal instrumento de trabajo y, por lo tanto, de sobrevivencia. Esta ofrenda ritual permite que los cuerpos individuales se integren en un cuerpo colectivo de tal suerte que el movimiento conjunto nutre los vínculos comunitarios. Por todo lo anterior, mediante estas ceremonias se restablece la salud corporal y anímica, se fortalece la identidad colectiva y se resguarda la memoria histórica. Por desgracia existe un notable desconocimiento sobre la concepción holís- tica que guardan las antiguas culturas de nuestro país, lo cual ha propiciado que las danzas tradicionales se aprecien como simples actos recreativos o eventos es- pectaculares, desligándolas del fundamento filosófico que les da sentido. Es indis- pensable reconocer que estas manifestaciones forman parte de un amplio sistema cultural que integra cosmovisión, normas, valores y formas de relacionarse social- mente y con la naturaleza, y es por ello que desempeñan un papel importante en la vida social y ceremonial de los grupos que las practican. Por otro lado, cabe señalar que el estudio antropológico de la danza nos indica que, a través de esta forma de expresión humana se generan procesos orgá- nicos de singular importancia en la vida cultural de los pueblos. Uno de ellos es la catarsis, esto es, la purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda, mientras que otras tradiciones dancísticas conducen al éxtasis, o sea, la elevación, la abstracción, el encantamiento, el delirio o la contemplación. ¿Qué es lo que sucede con los Matlachines? En caso de que nos consideremos observadores curiosos de esta magnífica ceremonia, podríamos pensar en varias preguntas, por ejemplo: ¿qué sienten las personas que realizan esta danza?, ¿por qué participan año con año?, ¿qué les significa? Habrá varias preguntas que sólo mediante una investigación acuciosa pueden tener respuesta, aunque la experiencia sensible de quienes en cuerpo y alma la realizan suele ser inefable, esto es, imposible de narrar con exactitud.
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  16. 16. 27 Los Matlachines son un claro ejemplo de cómo la historia se hace cuerpo. A través de la vitalidad de sus pasos, la fortaleza de sus pisadas, el dinamismo de sus evoluciones se plasman sucesos que forman parte de una memoria colectiva fincada en los cuerpos danzantes. El espíritu guerrero que anima esta ceremonia nos obliga a sentir el palpitar de la tierra mediante el enérgico pulso del zapatea- do, pero además nos invita a recapitular hechos que dejaron marcas indelebles en nuestra historia. Cabe recordar que, en la conquista, de lo que los españoles llamaron la Nueva España, se desarrolló una estrategia que no sólo incluía el enfrentamiento militar, sino también el cultural, ambos justificados por conquistadores y clérigos con fun- damentos teológicos. La evangelización de los “naturales” del Nuevo Mundo fue la punta de lanza para la imposición de otro régimen económico, político y social; propósito para el cual la práctica de ciertas danzas fue de suma importancia. En ese contexto, se introdujo en México la danza de Moros y Cristianos, la cual se había arraigado profundamente en España durante la reconquista del terri- torio ocupado por los moros. En la conquista y evangelización del Nuevo Mundo dicha danza significó el reconocimiento de la superioridad del imperio español y de la religión que lo sostenía. Según Arturo Warman,1 de la danza de Moros y Cristianos se derivaron otras que incorporan personajes y hechos de la historia de México y que se fueron conformando desde el siglo XVI hasta el XIX. Dentro de estas derivaciones se en- cuentran las Danzas de Conquista, entre las cuales se ubica la de los Matlachines. Durante el siglo xvi observamos que además de la adopción de danzas in- troducidas por los españoles, se seguían practicando varias de las manifestaciones coreográficas acostumbradas por los indígenas; persistencia que se dio a pesar de las prohibiciones y restricciones que a través de Juntas y Concilios (1524, 1550, 1555, 1585) dictó el clero. Ante la imposibilidad de erradicar la ejecución de las danzas autóctonas, algunos misioneros propusieron adoptar una política de tolerancia que permitie- ra la realización de juegos y danzas de regocijo, considerando que era parte del “buen gobierno” permitir la recreación “cuando conviene”. En lugar de prohibir su práctica, trataron de que se hicieran en honor a las deidades católicas, procu- rando que no se mezclara “superstición alguna”. Siglos después, la iglesia católica volvió a prohibir la realización de las danzas, ya fueran autóctonas o de origen hispano, por considerarlas supersticiosas, ajenas a la liturgia, según un edicto del 1 Warman Arturo, La danza de Moros y Cristianos, México, SEP, 1972, p. 141-165.
  17. 17. 28 provisorato de México expedido en 1775 y un decreto del arzobispo de México fechado en 1853.2 Es muy importante advertir que la práctica de la danza de los Mat- lachines cubre un amplio territorio de la República Mexicana, ya que ésta se realiza en varias entidades. Se trata de una tradición dancística que presenta notables variantes en los diseños coreográficos, los pasos y la indumentaria, mismas que quizá atienden a distintos procesos histó- ricos, lo cual lleva a pensar que se le otorgó el mismo nombre a danzas diferentes. Ello pudo suceder debido a que los conquistadores conocían una danza llamada Matachines que también se practicaba en Francia e Italia en la cual participaban personas con trajes extravagantes y sin coreografía determinada; quizá por simple extensión otorgaron dicho nombre a las danzas vistas en los territorios conquistados. El caso es que los Matlachines de Coahuila pertenecen a una va- riante que también se encuentra en Aguascalientes, Durango, Jalisco, Tamaulipas y Zacatecas, coincidiendo con una porción de los antiguos territorios de los pueblos chichimecas. Otra variante se ubica entre los nahuas quienes habitan en tres estados de la Huasteca (Hidalgo, San Luis Potosí y Veracruz), pero en lugar de arco percutor portan un aba- nico de plumas. Lo mismo sucede entre otros pueblos indígenas cuyas lenguas son de origen yuto-azteca: rarámuris en Chihuahua, yaquis en Sonora y mayos en Sonora y Sinaloa, quienes acostumbran la danza de los Matachines para la celebración de sus fiestas principales. También en Tlaxcala hay grupos de Matachines, cuyas caracterís- ticas son distintas a las observadas en las variantes antes señaladas, ya que se trata de grupos de disfrazados que se encargan de hacer bromas y se desplazan sin formas coreográficas determinadas, en forma similar a los Matachines que se reportan en España. Finalmente, no queda más que decir de mi parte que los danzan- tes de Matlachines hacen posible la continuidad de una tradición que guarda la memoria de un pueblo guerrero que ha enfrentado los em- bates de una civilización cada vez más deshumanizada: quienes saben tejer comunidad saben cómo se hace la historia. 2 Amparo Sevilla, Danza, cultura y clases sociales, México, CONACULTA/ INBA, 1990, pp. 108-109.
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  22. 22. 33 La Danza de los Matlachines es un patrimonio cultural de gran valor para los estados de la República donde se conserva, especialmente en el de Coahuila. Los pueblos me- soamericanos inventaron una figura social única en la historia: el calpulli. Consistía en la unión indisoluble entre un grupo humano y un dios, su dios defensor, su dios abogado, su santo patrono. Esta figura social se ha tratado de comparar con la tribu. O con el clan. No es así. Calpulli es único por su trascendencia teológica. Se ha tratado de comparar con la tribu o el clan, pero es una figura excepcional creada por la cultura mexicana. Tan era importante que Sahagún nos señala que en la Plaza Mayor de Te- nochtitlan existía una “Cárcel para los dioses”. Esto era: un recinto sacratísimo donde se guardaban los “fardos” que representaban a los dioses de los calpultin sojuzgados por los aztecas. La Danza de los Matlachines es exactamente la representación sagrada de un calpulli. De ahí que cada danza, traje y coreografía le “pertenece” a un grupo específico: una maqueta viva de la unión profunda entre el grupo y su santo patrono. Su santo abogado. Tienemúltiplesfuncionessociales:ratificalosparentescosritualesdeloscualeslos másimportantessonelcompadrazgoyelapadrinamiento.Resultaserunentrenamiento para los guerreros que defienden al santo-dios patrono. Por lo tanto, es una especie de tataranieto del Techpulcalli, ya que se juzga conveniente que los niños dancen desde pequeños,nosolamenteparaintroyectaranímicamenteladanza,tambiénparaafianzar su pertenencia al grupo. PREFACIO Miguel Sabido
  23. 23. 34 Paraunindígenamexicanolaideadeunindividuosingrupo,sinfamilia,singrupo dedanza–queeslaformamásperfectadeoración–resultainsoportableeinconcebible. El Viejo de la Danza es el símbolo de la autoridad que a latigazos reuerda la férrea disciplinadelcalmecac.YaSahagúnnosinformaqueenlasgigantescasdanzas(llegabana tomarpartehastaquincemilpersonas)enhonordeHuitzilopochtlicelebradasenlaPlaza Mayor, aquel que se equivocara inmediatamente era preso y al día siguiente ejecutado ya que resultaba ser una ofensa al propio dios defensor del gigantesco Calpulli azteca. Esa disciplinahasobrevividoenlasritualesdanzasycoreografías–quepertenecenacadagrupo comopertenecenelatuendoylasoracionesconlasquededicanladanzaasusantopatrono. Por ello es que resulta admirable la labor de rescate de la danza por parte de Iván Márquez, su entrega y pasión por el patrimonio inmaterial. Coordinando talleres para revivir sus antiguas danzas, desde el vestuario, la elaboración del penacho, acompañarlos enelviajehaciaelrescateypromocióndesusraíces,escucharlessusinquietudesypreocu- paciones porque su tradición sea valorada y respetada, recogiendo, en un esfuerzo único, testimonios en viva voz de los que resguardan su cultura, en documental, fotografías, cuadernillos que muestran el resultado de la unión entre pueblo y gobierno, validando socialmenteelesfuerzoconlamatlachinadaqueorgullosamentetomalaciudaddeSaltillo año con año, al tratarlos con la reverencia y el respeto que se merecen. El gobierno está contribuyendo de manera orgánica a la preservación de la cultura popular. Gran legado de tradiciones toma las calles, como danzantes del pasado en per- fecta sincronía con su presente, una gran y espectacular oración hacia esa tierra, ritual que acerca y une familias. A mí, como defensor de las tradiciones, título que me ha otorgado el pueblo de Saltillo, me enorgullece ver esas danzas en Coahuila, en perfecta unión. Más de dos mil hombres, mujeres y niños que siguen amando y respetando su ceremonia a los dioses. Emociones que nacen de la más pura tradición, pero que el pueblo de Coahuila ha conservado, perseverado y difundido con un alto compromiso social y de unión entre sus pobladores. He sido testigo del fervor y respeto que mostraron cuando se develó la estatua del Matlachín, danzante que desafía a todos los tiempos, orgulloso en su pedestal, situado en el centro de la ciudad, en una de sus principales avenidas, gigante con plumas de acero que se aferra a su danza como si ahí le fuera la vida. Este admirable acto no está aislado: se une a la investigación realizada durante años por el mismo Iván Márquez con las pastorelas de Saltillo, su integración a la cultura contemporánea con una maravillosa puesta que año con año enorgullece a la ciudad. Pastorela moderna con un profundo tono teológico, con un alto respeto a las tradiciones porque amalgama en sus diferentes personajes las distintas culturas y etnias que forman
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  28. 28. 39 y le dan vida al estado de Coahuila, rescatando además el sentir musical de la región, temas musicales populares que el estado ha exportado a toda la na- ción,organizandolosmismoselementosdeunamaneraparticular,concoros monumentales,orquestaenvivo,vocesoperísticaseimaginativascoreografías, matlachines, mariachi, fara fara, la Danza de los Caballitos deViesca, actores, pero conservando además los elementos ritualizados y la estructura de las pastorelas que he tenido la suerte de adaptar, investigar, montar, conservar y defender en cualquier foro que me sea posible. Porque sé que al difundirse se estápropagandolafortalezamáspuradelosmiembrosdenuestracomunidad. En todos los estados de la República se hacen esfuerzos en mayor o menor grado para preservar las tradiciones. Coahuila y el municipio de Saltillo son los lugares que se distinguen por haber diseñado una política cultural coherente y sólida para ello. Especialmente el licenciado Iván Már- quez, quien se ha distinguido no sólo por su esfuerzo hacia la defensa de las tradiciones culturales más arraigadas en la región, sino que se ha convertido en alguien que resguarda el patrimonio cultural tangible e intangible del estado al realizar esta admirable labor. Es por ello que el licenciado Iván Márquez recibió un reconocimiento ACE, Latin Ace Award, por la Association of Latin Entertaiment Critics of NewYork; el Premio de Honor por la Agrupación de Críticos y Periodistas deA.C.T.P.;elReconocimientoQuetzalcóatl2018porelCentroMexicano del Instituto Internacional deTeatro de la UNESCO, a través de la Coordi- naciónNacionaldeTeatrodelInstitutoNacionaldeBellasArtes,entreotros. Esgratificantereconocerque,enesteestadodelnorte,estastradiciones vivas se niegan a morir, que se encuentra gente que persevera, que lucha por defender su cultura, que se logra unir pueblo y gobierno con un fin específico. Regresar al pasado, a las raíces, para conocer el presente y reafir- marlo en el futuro. Un solo reproche: ¿por qué no compartir con los estados vecinos esta admirable política? El ensayo y esfuerzo de Coahuila es digno de ser repro- ducido en toda la República. Porque de esta forma se estará contribuyendo a que no se pierdan nuestras hermosas tradiciones, que encuentren eco en otras latitudes del país. Ojalá que las federaciones organizaran un sistema nacional de recuperación de estos invaluables generadores de intangibles culturales que determinan la identidad de la cultura mexicana. Coahuila es un ejemplo… la historia está escrita.
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  32. 32. 43 Los tlaxcaltecas venidos a fortalecer numerosas poblaciones del centro y norte de México dejaron en ellas su impronta cultural. La composición étnica de las localidades donde se asentaron –es el caso de Saltillo– resulta distinta a la de otras poblaciones norteñas, donde la presencia de descendientes de criollos resulta más notable. Magníficos agricultores y habilísimos artesanos, los tlaxcaltecas trajeron consigo seculares técnicas de hilados y tejidos, plantaron magueyes y fabricaron pulque, bebida desconocida en el septentrión. Hasta hoy, en ciudades como Salti- llo, Coahuila, y Bustamante, Nuevo León, se hornea “pan de pulque”, en el que, gracias a un sincretismo gastronómico, la bebida por excelencia de los pueblos mesoamericanos se hermana con el trigo europeo. La influyente presencia de la cultura tlaxcalteca, sumada a la extinción de los pueblos originales, hizo pensar durante muchos años que la danza de los matachi- nes o matlachines tenía en ella sus raíces. Sin embargo, investigaciones posteriores señalan su origen en las tribus originarias del territorio, identificadas de manera genérica como chichimecas, gentilicio con evidente carga de desprecio. La fuerte presencia de la cultura tlaxcalteca hizo atribuir a esta el origen de la danza de los matlachines. En el Gran Tunal de San Luis Potosí, asiento de las poblaciones de Salinas de Hidalgo y Mexquitic de Carmona, sobrevive una danza prácticamente igual a la de nuestros matlachines llamada “Danza chichimeca” o “Danza Guachichil”. El atuendo –faldilla adornada con canutos de carrizo, pequeños arcos en mano PROEMIO Sincretismo religioso Javier Villarreal Lozano
  33. 33. 44 y tocado de plumas–, así como las evoluciones de los ejecutantes no dejan duda sobre la semejanza. (Sabino Cruz V., Revista de la Universidad, https://www.re- vistadelauniversidad.mx storage). Resulta hasta cierto punto sorprendente que, a pesar de la extinción de los grupos aborígenes de estas tierras, su danza haya sobrevivido. La explicación se encuentra, posiblemente, la política de la iglesia católica respecto a los rituales paganos de los aborígenes: si bien destruyó lugares de culto y persiguió toda ma- nifestación de los antiguos rituales, hizo una excepción con las danzas, las cuales incorporó a sus celebraciones. Aunque podemos imaginar a los misioneros franciscanos y jesuitas adaptan- do al culto católico las danzas de las tribus habitantes del territorio, éstas sufrieron una lógica evolución al incorporar elementos provenientes de la cultura occiden- tal y, muy probablemente, en el caso de Saltillo, también tlaxcalteca. El uso de telas de algodón y otras fibras en el atuendo de los danzantes es un ejemplo de esto. Los cazadores-recolectores utilizaban pieles de animales para confeccionar sus primitivas vestimentas, y no hay vestigios de que los de la región conocieran el arte de fabricar lienzos. La separación de los tres grupos étnicos que convivieron en el Valle de Saltillo: occidentales, chichimecas y tlaxcaltecas, no excluyó, segu- ramente, el intercambio de ideas, usos, costumbres y avances tecnológicos. Los esfuerzos de los colonizadores europeos y mestizos por convertir en sedentarios a los nómadas implicaron necesariamente este intercambio, empezando con el adoctrinamiento religioso. Fundación y privilegios El 2 de septiembre de 1591, ante la expectación de los escasos vecinos de Saltillo, desfilaron por la calle Real de la Villa las familias venidas deTlaxcala a reforzar la en- deble población continuamente amenazada por belicosos indios comarcanos. Hubo en la migración un segundo propósito de orden pedagógico: hacer de los tlaxcalte- cas el modelo a seguir por los nómadas, lo que suponía, teóricamente, la trasmisión de las normas de la vida sedentaria mediante el ejemplo de los recién llegados. Como estrategia militar-defensiva el experimento funcionó: Saltillo logró so- brevivir y prosperar a pesar de la tenaz resistencia de indios guachichiles y coahuil- tecos, a quienes no terminaba de convencerles la fórmula europea para adueñarse de sus terrenos de caza y recolección. “Dame tu tierra y te doy mi Biblia”.
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  38. 38. 49 Al borde de una acequia, llamada “principal”, por la que corrían las aguas de los veneros de las partes altas del sur hacia el Valle, Don Buenaventura de Paz, jefe de los tlaxcaltecas, y el capitán Francisco de Urdiñola, en representación de las autoridades y gestor del traslado de las familias al norte de la Nueva España a la hoy capital de Coahuila, ratificaron las puntillosas condiciones del tratado del virrey De Velasco con el senado de Tlaxcala. Dada su calidad de aliados de Cortés en la conquista del reino mexica y la captura de la Gran Tenochtitlan, los tlaxcaltecas gozaron de privilegios vedados al resto de los indios, privilegios similares a los disfrutados por los hijos (dalgo...) pe- ninsulares. Entre ellos, “anteponer a su nombre el título de don, montar a caballo y usar armas, y estar exentos de todo tributo, servicio personal, pecho y alcabalas.” Además, se estipuló que sus pueblos estarían “separados de los españoles y chichimecas”, tendrían ayuntamiento propio, con exclusión de otros indios y de españoles, prohibiéndose hacer merced de estancias de ganado mayor a una distancia menor de tres leguas. También se acordó que los “mercados y tianguis estarían exentos por treinta años de alcabalas, misas e imposiciones.” Y a fin de asegurar su permanencia en el lugar se les entregarían alimentos durante dos años y arados para trabajar la tierra. Por su parte, frailes franciscanos se encargaron de que tuvieran también pa- rroquia propia consagrada a San Esteban. Esto en recuerdo del barrio de Tizatlán de Tlaxcala, de donde procedía la mayor parte de ellos, y donde hasta hoy se con- serva el templo dedicado al protomártir y su capilla abierta. Urdiñola hizo entrega oficial a los tlaxcaltecas de las tierras ubicadas al poniente de la acequia. El nuevo pueblo quedó separado de la Villa de Saltillo por la corriente de agua, la cual aprovecharían a partes iguales las dos comunidades. Este arreglo fue la simiente de enojosos litigios. Al oriente quedó la Villa Española. La convivencia de las dos poblaciones nunca fue fácil. Eran frecuentes los pleitos por aguas y linderos. Diferían no sólo en la lengua común, también en la forma de gobierno y hasta en el aprovechamiento de las tierras. Los habitantes de la Villa de Saltillo, herederos de la cultura de sus antepasados hispanos, eran eminentemente ganaderos y productores de cereales. Por eso no debe extrañar que, a poco de fundarse la Villa, Juan Navarro construyera el primer molino de trigo en el noreste de la Nueva España. Poco dados a la horticultura y a la fruticultura, los castellanos habitan pueblos que, al decir de Camilo José Cela, parecen estar peleados con el verde. Mutatis mutandis, desde un punto de vista agrícola y forestal, la Villa del Sal- tillo y San Esteban guardaban en su paisaje las diferencias existentes entre la ocre
  39. 39. 50 llanura castellana y los huertos andaluces, obra de los moros. Recordemos cómo los castellanos se vieron obligados a tomar voces prestadas del árabe para designar técnicas de horticultura y nombres de plantas que les eran desconocidos: acequia, amelga, alberca, atarquinar, acelga, alcachofa, alcaparra, etcétera. Los tlaxcaltecas, diestros y laboriosos agricultores, hicieron florecer su pue- blo. Plantaron árboles, cosecharon verduras e incrementaron pronto sus hatos de ganado. En el último cuarto del siglo xviii, fray Juan Agustín de Morfi alababa su laboriosidad: “...se aplican con extraordinario amor a la labranza: sus tierras están perfectamente cultivadas, sin verse en ellas un solo palmo baldío. Las hortalizas, frutas, leche, etcétera, que se comen en el Saltillo se los deben a los tlaxcaltecas.” Los habitantes de San Esteban evitaron el mestizaje. El ya citado Morfi, apunta: “[tienen] el gran cuidado de no mezclarse con la gente de castas de que está infec- cionado Saltillo, cuyos vecinos en general no sé si podrán blasonar tanta pureza de sangre como los indios tlaxcaltecas.” Tal escrúpulo tenía en el fondo un interés social y económico, pues un ma- trimonio con personas fuera de su comunidad representaba la pérdida de los pri- vilegios concedidos por el virrey De Velasco, ratificados posteriormente por otros virreyes. Se conserva un documento de José Joaquín Ramos, “originario de este pueblo de San Esteban de Tlaxcala”, solicitando al alcalde impedir la boda de uno de sus hijos con una muchacha de Saltillo, alegando la mala fama de la chica, pues, señala: “es costumbre que ningún hijo del Pueblo pueda casarse con ninguno de la villa, especialmente de mala casta, que no sea inmediatamente desheredado y echado del pueblo.” Sin embargo, más allá de las reservas morales del atribulado estaba la pérdida de los privilegios del hijo, mismos que representaban numerosos beneficios, in- cluyendo derecho a trabajar tierras labrantías. Durante 236 años Saltillo y San Esteban sobrellevaron una, a veces escabro- sa, convivencia impuesta por la vecindad. En 1827 el antiguo pueblo tlaxcalteca
  40. 40. 51 desapareció al fundirse por decreto a la Villa de Saltillo. Más de dos siglos de convivencia forzosa y la posterior fusión de las dos comunidades, incidieron en la conformación de un perfil cultural de características distintivas. Los orígenes de la danza De acuerdo a los datos disponibles, puede inferirse que la Danza de los Matlachi- nes procede de una época anterior a la conquista y la colonización del territorio donde aún se practica. La sencillez de sus evoluciones permite pensar en la per- manencia de algunas particularidades de las danzas de las tribus que habitaban la región a la llegada de los occidentales. Sin embargo, los bailes de los cazadores- recolectores, según las crónicas de sus contemporáneos, tenían escasa semejanza con los de los matlachines. Todo indica que este es producto de una fusión de culturas. Algunos de los rasgos característicos, herencia de la época precortesiana, son el pequeño arco, el cual hace de ella una danza de guerra, y la aplicación de canutos de carrizo en la faldilla, que además de servir de adorno producen con el movimiento un acompasado sonido. El llamado Viejo de la Danza es de origen europeo. Al referirse a los festejos populares de la Edad Media, don Marcelino Menéndez y Pidal describe al estrambótico personaje, incluyendo la muñeca que suele portar, cuya misión, dice, era apartar de las procesiones “a la enfadosa turba de muchachos.” A mediados del siglo XVII, Alonso de León hizo una minuciosa descripción de los usos, vestimenta, alimentación y costumbres de los indios que habitaban en el territorio. En los párrafos dedicados a las fiestas (mitotes) de los cazadores- recolectores, en las cuales no faltaba el consumo de peyote, habla de los bailes. Reunidos todos los miembros de la tribu, comenzaba alrededor de una gran hoguera, “formado en una o dos ruedas (círculos), los pies muy juntos y los co- dos salidos y las espaldas medio agachadas, dando saltitos hacia adelante y casi arrastrando los pies.” Así bailaban, prosigue De León, por cuatro o cinco horas, sin descansar, cantando y bebiendo hasta quedar no pocos tirados en el suelo, de fatiga y embriaguez. A éstos los arañaban los demás hasta sangrarlos. Acompañaban el baile con dos instrumentos: unas calabacillas con muchos agujeros y dentro muchas piedras de hormiguero. Usaban también una especie de güiros caribeños: (instrumentos) de madera de
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  42. 42. 53 ébano con innumerables canaladuras trasversales, los cuales raspaban con un palillo delgado, produciendo agradables sonidos. No conocían otros, pero los mencionados les bastaban para alegrar la fiesta. La danza debió de evolucionar al paso del tiempo. Lo hizo incluso en años relativamente recientes. Salvador Tarazona, escenógrafo y pintor valenciano, nos dejó una estampa de las fiestas del barrio saltillense del Ojo de Agua en la década de los treinta del siglo pasado. Encargado de la decoración del cubo de la escalera del Palacio de Gobierno, escalera que se hizo necesaria cuando al edificio se le agregaron algunas oficinas en un tercer nivel, Tarazona representó a un grupo de matlachines danzando alrededor de un poste en el cual enredan listones de distin- tos colores, lo cual dejó de hacerse en años posteriores. Por otra parte, quien esto escribe, que ve la danza de los matlachines desde hace aproximadamente setenta años, la recuerda protagonizada sólo por varones. La presencia de mujeres, adecuación al cambio de los tiempos, ocurrió cuando ellas ganaron mayor protagonismo social y económico. Los cambios también son evidentes en los materiales utilizados para confeccionar la vestimenta de los dan- zantes, realizados ahora, en ocasiones, con telas de fibras sintéticas. La Danza de Matlachines en Saltillo gana cada día un mayor terreno pro- tagónico en los diversos segmentos de la comunidad entera. Un gran logro fue lo sucedido el día 26 de septiembre de 2018, cuando el Gobierno Municipal de Saltillo, a través de una propuesta del Instituto Municipal de Cultura, aprobó por unanimidad que esta manifestación fuera declarada Patrimonio Cultural Inmate- rial de la ciudad. El maestro Iván Márquez Morales, director del Instituto, se ha significado como un destacado impulsor de la conservación de esta danza, difundiéndola y subrayando sus valores tradicionales y estéticos, concebida como una manifesta- ción cultural no necesariamente circunscrita a rituales de carácter religioso, pero conservando su esencia.
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  46. 46. 57 En una noche de infancia que nunca olvidaré, mis padres me llevaron a la parroquia de Guadalupe, en Sabinas, Coahuila, donde vivíamos. Estaba obscureciendo aquel 12 de diciembre cuando cerramos más temprano el negocio familiar que atendíamos juntos; días antes todo había transcurrido con normalidad. Mi rutina rara vez variaba: iba por las mañanas a la escuela, regresaba a casa, comíamos todos juntos y después tocaba mi turno para atender a los clientes. En temporada de calor, casi a diario, con mi padre y hermanos bajaba cuadra y media a la ribera del río donde nadábamos por más de una hora. Mi mamá nos esperaba en la tienda y yo la relevaba. ¡Cómo olvidar a cada uno de mis vecinos y amigos del barrio, que con el paso del tiempo se convertirían en parte de la familia! Los de la 1° de Mayo y los del Callejón del Carmen. Ese día papá estaba en casa, por ser un día feriado en la mina donde trabajaba, y mimamásealistabajuntoconmishermanosparaveralavirgencitadeGuadalupe.Era un día especial y tranquilo, la gente estaba en sus casas preparándose para ir a la iglesia; undíaantes,mehabíatocadosurtirvariascosasdelatiendaparaquetuviéramosmenos pendientesypoderllegarapenasobscurecierayalcanzarbuenlugar.Meapresuréyfuia la harinera a comprar un costal para armar kilos, que era como la vendíamos; también pasé a la frutería por el pedido, entregué a doña Susana y a Chagua el mandado que habían encargado, acomodé las latas y ¡por fin, todo estaba listo!. Salimos todos en familia a lo que sería mi primer encuentro con unos personajes fuera de serie, llenos de colorido y una energía tan intensa, que atraparon totalmente mi atención, cautivándome. Eran los protagonistas de una danza que esa noche habían convertidolacalleIndependenciaenunespacioinimaginable,mágico,diferente;pare- cía como si jamás hubiera pasado por ahí. La calle era otra. Estética y ritual, sin duda, PRESENTACIÓN Iván Ariel Márquez Morales
  47. 47. 58 transformaba la parte lateral de la iglesia, la presidencia municipal y el viejo edificio de la Comercial Sabinas inaugurado en 1906. Por esa calle caminábamos entre semana para llegar a la escuela primaria Miguel Hidalgo. Aunque llegamos con mucha anticipación, la calle ya estaba repleta de personas admirando y disfrutando. Como era muy pequeño de estatura, me fui metiendo entre la gente y logré llegar hasta delante para ver azorado cómo giraban los danzantes. Escu- chabaelruidodeltamborysushuarachesymirabamaravilladosuspenachos,quelucían hermosos. Mis ojos brillaban al ver cómo llevaban en su chaleco la imagen de la Virgen. Yo pensaba que eran sacerdotes o monaguillos los que bailaban y que ahí darían la misa. Ese día todo era espectacular y único, hasta que se acercó a mí un hombre que hizo me sintiera más pequeñito, que me llenó de miedo con su máscara y su apariencia de roba chicos, como decíamos en Sabinas. Al instante notó mi terror, trató de tomarme del brazo y de acercarme a él: llevaba un traje que en ese momento me pareció horrible e intentó acercarme una muñeca que llevaba en la mano. Recuerdo que a la muñeca le faltaba un ojo y estaba despeinada, yo me agaché y salí huyendo entre las piernas de los espectadores, quienes se reían de mí, hasta que llegué a donde estaban mis papás. Muy asustadoyapesardeltremendomiedo,noqueríairme;mipapámecargóymellevóacasa. Así, vi junto a mi familia por primera vez a los matlachines y me topé, en un 12 de diciembre alViejo de la Danza. Jamás imaginé que ahí nacería una historia de vida y una comunión que hoy me honra y enorgullece; y más ahora que descubro y entiendo sus muy variados significados y la razón de ser de estas expresiones que hacen a nuestro México más grande, diverso y multicultural. Cuando el espectador se encuentra frente a los danzantes, disfruta de su magia con- vertidaenobradearte,ceremoniayritualquerecreanalMéxicoprehispánico,laconquista, la fusión de tradiciones europeas y árabes, en fin, todo un mundo de historias, influencias, valores y tradiciones representados en todo esto que llamamos Danza de los Matlachines. Los matlachines son parte fundamental de nuestro patrimonio intangible y de nuestro acervo cultural; tejen historias en cada pueblo y colonia donde se reúnen, ensayan y confeccionan sus trajes; configuran una memoria colectiva con personajes majestuosos: niños, jóvenes y adultos, maestros, custodios y guardianes, ancestros a quienes se admira, se les aprende y respeta; espejo de todos nosotros; señal de lo que mucho debemos aprender y valorar; invitación para hacer lo que nos gusta, lo que queremos, lo que nuestra fe y devoción manda. Ellos eligieron ser danzantes y sacrifican tiempo y esfuerzo para llevar a cabo esta manifestación transparente de pasión, en la que demuestran su destreza en cualquier territorio,bajolalluviaoelsofocantecalor,anteunacontecimientotristeeinesperadoo
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  52. 52. 63 entrelaalgarabíadegentefestejandoasusantopatrono.Todo ello, con el único objetivo de ser ellos mismos, de portar un atuendo,realizarladanzaquelosidentificacomomatlachines y conectarse, de ese modo, con sus orígenes ancestrales y rea- firmarsusvínculoshumanosysagradosmáscontemporáneos. En el país existen diversos estilos de este género en nuestra cultura popular, cada uno con sorprendentes di- mensiones estéticas y simbólicas. Es una tradición que se hereda de familia a familia y se transmite de generación a generación; que encuentra en los niños la semilla que germinará de manera fértil a través de una danza que los acompañará toda la vida, garantizando así su preservación en permanente transformación. Los matlachines son la manifestación de cultura po- pular más representativa en el estado con sus 214 grupos y más de 4,295 danzantes registrados en uno de los capítulos de esta obra que ofrece al lector un detallado recuento de las danzas de matlachines y su presencia en los municipios que conforman Coahuila. Mientras ejecutan su danza, los matlachines elaboran una crónica documental que contri- buye, de manera dinámica, a preservar lo nuestro, lo que nos da identidad y que nos distingue. Admiro su fortaleza y su espíritu. Eso, precisamente, fue lo que me motivó a realizar este libro que constituye un primer acercamiento a su estudio para conocer quié- nes son, en dónde están, cuántos son, cuándo iniciaron este camino, cómo visten y marcan su propio territorio al elaborar sus penachos, enagüillas o huaraches; al confec- cionar cada una de estas prendas; al hacer suyo el universo de la imaginación y elaborar sus sonajas, arcos y flechas; al combinar sus camisas, calcetas y portar los elementos que ellos han decidido como parte de su riqueza e identidad. Son auténticos, libres y ejercen su derecho de ofrendar su danza a la Virgen o al santo patrono; portan su estandarte y se identifican con orgullo en la danza de la iglesia, de la familia o del Supremo Ser en el que depositan su fe.
  53. 53. 64 Danzan como guerreros y soldados de paz, portan su escudo en el brazo y han creado un mundo de elementos propios, los cuales se parecen un día sí y el otro no, porque se inventan y reinventan permanentemente. Son capaces de ser en su mundo los Viejos de la Danza, los capitanes, los que dirigen, los líderes de un espacio imaginario en donde ellos mandan y son la autoridad; ellos pueden ser personajes de terror ficticio, hombres vestidos de mujer que lucen sus pelucas de colores, llevan un látigo en la mano y hacen valer cualquier elemento para danzar, continuar con la tradición, acercarse a sus orígenes y volar a un presente de aplausos y admiración que reciben por su constancia y devoción. Por fortuna, en Coahuila ésta es una práctica que se va incrementando. Cada vez más es posible ver danzar a los más pequeños. Conocí a Ian Abelardo Pérez Ávalos, de Saltillo, Coahuila, quien tiene 1 año 11 meses y danza desde hace 5 meses. Es admirable verlo vestido de matlachín y danzar con los adultos, imitar lo que hacen y, sobre todo, continuar con la tradición. Quienes tenemos la oportunidad de disfrutarlos a su paso por las calles en los festejos de las iglesias, en los aniversarios de fundación, del santo patrono o en eventos especiales, encontramos pistas fundamentales que ni siquiera estábamos buscando: respuestas a nuestra identidad, un reclamo a nuestra mexicanidad y una lección de orgullo de ser lo que se es. Los matlachines constituyen un acercamiento real a lo más profundo de nuestro interior, a todo aquello que tiene significado y espíritu, a un encuentro con nuestros paisajes áridos y a esta tierra próspera llamada Coahuila y, sobre todo, a su gente, cuya diversidad se expresa en las etnias kikapú, en los mascogos, que nutren nuestra tercera raíz de origen africano, y los mazahuas, que nos enriquecen y enorgullecen. Este libro es un vínculo con cada región de Coahuila, para que conozcamos más de los matlachines, los reconozcamos y les brindemos un lugar privilegiado que ellos mismos se han ganado en nuestra sociedad; constituyen una figura icónica para los maestros de la imagen que se deleitan fotografiándolos; para los niños que a su paso ríen, brincan y se divierten; para la mirada de los ancianos que sacan su silla del asilo para aplaudirles; para la gente que sale a las banquetas o suben a los techos para tener la mejor vista panorámica; para quienes desde el interior de su casa los admiran a través de su ventana… los matlachines son incentivo emocional y afectivo, una contribución intangible y académica, son historia y crónica entra- ñable, son orgullo colectivo palpable en nuestro ser. ¡Qué placer haber dedicado más de diez años a su estudio! ¡Qué fortuna tener el privilegio de convivir constantemente con ellos y de participar en sus celebraciones!
  54. 54. 65 Por todo lo aprendido, deseo expresar mi admiración para éstos los pilares de la tradición, así como mi agradecimiento a todos los personajes y maestros que me dieron las herramientas para poder elaborar este documento. Agradezco al Gobierno del Estado de Coahuila y a mi gran aliada Ana Sofía García Camil, al Gobierno del Municipio de Saltillo, al alcalde mi amigo Ingeniero Manolo Jiménez Salinas quienes me apoyaron decididamente para concretar esta publicación. Manifiesto también mi gratitud al Museo Nacional de la Máscara de San Luis Potosí; a Am- paro Sevilla Villalobos, InvestigadoraTitular del INAH, y máxima voz sobre temas como danzas tradicionales en América Latina, Javier Villarreal Lozano, historiador y director del Centro Cultural Vito Alessio Robles, Lucas Martínez Sánchez, his- toriador y director del Archivo General del estado de Coahuila, Arturo Villarreal Reyes, historiador y director del Museo de la Revolución Mexicana, a mi maestro Medardo Treviño González, vicepresidente del centro Mexicano de Teatro del ITI UNESCO, a Miguel Sabido Ruisanchez, investigador y dramaturgo, al Mexic-Arte Museum; y a mis editores Elsa Lucía Tamez Aguirre y José Antonio MacGregor Campuzano por incrementar el valor educativo y cultural gracias a sus aportaciones, Ana Karen Valdés Prado, Héctor Alejandro Pérez Esparza, coordinadores operativos de investigación y sobre todo a los matlachines, personajes especiales de este libro, con los que he disfrutado un sinfín de gratas experiencias. Parte de la maravilla de vivir, es la posibilidad de sorprenderse por las bondades de esta tierra que nos prestó Dios. Sería ingrato si no reconociera que gracias a mis padres, una noche inolvidable de diciembre se unió mi vida a la de los matlachines. ¡Qué orgullo pertenecer a esta cultura única y milenaria, y a este pedazo de mundo que llamo mi casa: Coahuila!
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  58. 58. 69 1.1 Ubicación, regiones y municipios de Coahuila Coahuila de Zaragoza es una de las 32 entidades federativas de la República Mexicana. Se ubica al norte de la nación, en la parte central de la frontera con los Estados Unidos de América. Es el tercer estado más extenso del país, con una superficie de 151.595 km², ocupando el 7.7% del territorio nacional. Su capital es la ciudad de Saltillo y cuenta con 5 regiones conformadas por 38 municipios.1 1 Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal. Enciclopedia de los Municipios y Delegaciones de México. Estado de Coahuila. Consultado: Julio de 2017. http://www.inafed.gob.mx/work/enciclopedia/EMM05coahuila/historia.html CAPÍTULO 1 El contexto de las Danzas de Matlachines
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  60. 60. 71 Municipio Región 1 Abasolo Centro - Desierto 2 Acuña Norte 3 Allende Norte 4 Arteaga Sureste 5 Candela Centro - Desierto 6 Castaños Centro - Desierto 7 Cuatro Ciénegas Centro - Desierto 8 Escobedo Centro - Desierto 9 Francisco I. Madero Laguna 10 Frontera Centro - Desierto 11 General Cepeda Sureste 12 Guerrero Norte 13 Hidalgo Norte 14 Jiménez Norte 15 Juárez Carbonífera 16 Lamadrid Centro - Desierto 17 Matamoros Laguna 18 Monclova Centro - Desierto 19 Morelos Norte 20 Múzquiz Carbonífera 21 Nadadores Centro - Desierto 22 Nava Norte 23 Ocampo Centro - Desierto 24 Parras Sureste 25 Piedras Negras Norte 26 Progreso Carbonífera 27 Ramos Arizpe Sureste 28 Sabinas Carbonífera 29 Sacramento Centro - Desierto 30 Saltillo Sureste 31 San Buenaventura Centro - Desierto 32 San Juan de Sabinas Carbonífera 33 San Pedro Laguna 34 Sierra Mojada Laguna 35 Torreón Laguna 36 Viesca Laguna 37 Villa Unión Norte 38 Zaragoza Norte TablademunicipiosyregionesdelestadodeCoahuila
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  63. 63. 74 1.2 Origen del vocablo Coahuila LaversiónmáscercanadelapalabraCoahuila,lugardondeabundanlosárbolesfueasen- tada por el investigador saltillenseVito Alessio Robles.2 Al principio se había planteado que la traducción del náhuatl, víbora que vuela, era la correcta, pero debemos recordar queelnombredeCoahuilanodenominabatodoelterritorioqueactualmenteconoce- mos, sino que proviene del lugar donde ahora se asienta la ciudad de Monclova, sitio al que, desde las primeras entradas de los colonizadores, los indios llamaban Coahuila, precisamente al espacio lleno de árboles y bañado por un ameno río. De ahí nació y se tomó el nombre de Coahuila y se usó, en lo sucesivo, para designar a toda la provincia de San Francisco de Coahuila durante la época colonial. EnlaspostrimeríasdelsigloXVIII,seintegraronalaprovinciaSaltilloyParrasque antes habían pertenecido a la Nueva Vizcaya, por lo que fueron ya parte de Coahuila. En el México independiente se conservó el nombre de Coahuila reuniendo en torno a sí, además de los pueblos antiguos de esta tierra, a los de la antigua provincia deTexas.3 1.3 Antecedentes históricos y culturales del estado de Coahuila Con la exploración española de 1531, a cargo de Nuño Beltrán de Guzmán, se fun- daron poblaciones al norte del territorio de la Nueva España. La penetración de los españoles a Coahuila fue lenta y difícil, debido a las condiciones naturales extremas y a la resistencia de los indígenas, los cuales atacaban a las poblaciones recién fundadas.4 El primer grupo de colonizadores de que se tiene registro llegó a Coahuila a fines de 1568, comandado por Francisco Cano, quien exploró a nombre de Nueva Galicia el Valle del Derramadero, al sur de los municipios de Saltillo y General Cepeda. Pos- teriormente, el portugués Alberto del Canto llevó a cabo la fundación de la Villa de Santiago del Saltillo en 1577 (c.), a nombre de la Gobernación de Nueva Vizcaya.5 Tardaron casi cien años para que el territorio se organizara administrativamente como provincia. Dado el crecimiento de las misiones y de los presidios en la región, en 1687 el Virrey, con la anuencia del Obispo de Guadalajara, Don Santiago de León Garabito, establece la Provincia de San Francisco de Coahuila y Nueva Extremadura, 2 Vito Alessio Robles, Bibliografía de Coahuila, histórica y geográfica, 1927, en una colección dirigida por Genaro Estrada. 3 Gobierno del Estado de Coahuila. Conoce Coahuila. Toponimia. Consultado: 10 de Julio de 2017. http://coahuila.gob.mx/ 4 Instituto Nacional para el Federalismo y el Desarrollo Municipal. Enciclopedia de los Municipios y Delegaciones de México. Estado de Coahuila. Consultado: Julio de 2017. http://www.inafed.gob.mx/work/enciclopedia/EMM05coahuila/historia.html 5 GobiernodelEstadodeCoahuila.ConoceCoahuila.NombreOficial.Consultado:10deJuliode2017.http://coahuila.gob.mx/
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  66. 66. 77 designando como primer Gobernador de la Provincia al General Alonso de León. En esa área se fundó posteriormente la Villa de Santiago de la Monclova (hoy Monclova). Endichaépoca,lasdenominacionesparaMonclovayCoahuilaseusabanindistin- tamente. Mediante la expedición de la Real Orden del 26 de agosto de 1786, Coahuila pasa a ser parte de las Provincias Internas de Oriente, que abarcaba las provincias de Coahuila, Tejas, Nuevo Reino de León, Colonia del Nuevo Santander y las jurisdic- ciones del Saltillo y Parras que pertenecían a la Nueva Vizcaya. En 1787, como parte de las denominadas reformas borbónicas, tuvo lugar la división de la Nueva España en intendencias. La intendencia de San Luis Potosí se conformó con las provincias de Coahuila, Tejas, Nuevo Reino de León y Nuevo Santander. Las jurisdicciones del Saltillo y Parras que pertenecían a Nueva Vizcaya, se anexaron a la Provincia de Coahuila. En 1812 la Constitución de Cádiz abolió las intendencias y dividió el virreinato en seis provincias, quedando Coahuila adherida a las Provincias Internas de Oriente con capital en Monterrey. Al iniciarse el movimiento de Independencia, Coahuila tuvo una participación militar bastante activa por cuanto fue en su territorio donde se replegaron las tropas insurgentes de Hidalgo, Allende y Aldama, luego de que sufrieran su peor derrota en la desastrosa batalla de Puente de Calderón. En el camino de Saltillo a Monclova fueron emboscados y aprehendidos los caudillos de la Independencia para luego ser llevados a Chihuahua, donde fueron fusilados. Durante el resto de la guerra de Independencia, Coahuila tuvo escasa participación militar. ElCongresoConstituyentereciénformadofinalizólaguerraypromulgóen1824 laConstituciónFederaldelosEstadosUnidosMexicanos,dondereconocióalterritorio de Coahuila y Tejas el estatus de Estado Independiente. El11demarzode1827elEstadodeCoahuilayTejaspromulgasuprimeraConstitu- ción.FungiócomopresidentedelCongresoConstituyentedeCoahuilayTejas,elDiputado SantiagodelValle;laConstituciónfuepromulgadaporelGobernadorJoséIgnaciodeArizpe. En 1835, durante el mandato del presidente Antonio López de Santa Anna, se abolió la Constitución de 1824 y los estados independientes pasaron a ser departa- mentos subordinados al gobierno central. Coahuila y Texas fueron separados en dos departamentos distintos y Monclova dejó de ser la capital para pasar a serlo Saltillo. En 1857 el Congreso Constituyente sancionó la anexión de Coahuila a Nuevo León. El 26 de febrero de 1864 el presidente Benito Juárez decretó la separación de Coahuila del estado de Nuevo León y nombra gobernador a Andrés S. Viesca. Le da el carácter de Estado Soberano y le denomina “de Zaragoza”, en honor del destacado Estampa de las fiestas del barrio del Ojo de Agua, de Salvador Tarazona (página anterior)
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  69. 69. 80 militar coahuilense, triunfador de la Batalla del 5 de mayo ante los franceses, General Ignacio Zaragoza Seguín. En1917,cuandosepromulgalaConstituciónPolíticadelosEstadosUnidosMexica- nos,impulsadaypromulgadaporelcoahuilenseVenustianoCarranzaGarza,ensucalidad dePrimerJefedelEjércitoConstitucionalistayEncargadodelPoderEjecutivodelosEstados Unidos Mexicanos, el 5 de febrero de 1917 en el Teatro de la República de la Ciudad de Querétaro,Querétaro,consignaalestadoconelnombredeCoahuila,ensuTítuloSegundo, Capítulo II, “De las Partes Integrantes de la Federación y delTerritorio Nacional.” “Artículo43.-LaspartesintegrantesdelaFederaciónsonlosEstadosdeAguascalientes,Cam- peche,Coahuila,Colima,Chiapas,Chihuahua,Durango,Guanajuato,Guerrero,Hidalgo, Jalisco,México,Michoacán,Morelos,Nayarit,NuevoLeón,Oaxaca,Puebla,Querétaro,San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora,Tabasco,Tamaulipas,Tlaxcala, Veracruz, Yucatán, Zacatecas, Distrito Federal,Territorio de la Baja California yTerritorio de Quintana Roo.” El 5 de febrero de 1918, el gobernador Gustavo Espinosa Mireles promulga la Constitución Política del Estado de Coahuila de Zaragoza e invierte el orden de la deno- minación, anteponiendo el título de Independiente: “Artículo1º.-ElEstadodeCoahuiladeZaragozaesIndependiente,LibreySoberanoenloque tocaensuadministraciónyrégimeninterioryesparteintegrantedelaFederaciónMexicana.” Esta denominación es la vigente hasta la actualidad, siendo Coahuila la única entidad en el país en cuyo nombre se consigna el título de Independiente, otorgado por el presidente Juárez. AlreferirnosalasreformasdelaConstituciónPolíticadelosEstadosUnidosMexica- nosde2011,encuantoaladenominaciónoficialdelEstadoenlaCartaMagna,debemos remitirnos al 20 de octubre de 2009, cuando los diputados a la LXI Legislatura de la Cámara de Diputados del H. Congreso de la Unión presentaron al Pleno de la Cámara de Diputados la Iniciativa de Reformas al Artículo 43 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En ella propusieron la incorporación del nombre “de Zara- goza” a la denominación oficial del estado de Coahuila consignado en la Constitución General de la República.6 6 Gobierno del Estado de Coahuila. Conoce Coahuila. Nombre Oficial. Consultado: 10 de Julio de 2017. http://coahuila.gob.mx/
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  74. 74. 85 2.1 Génesis del mestizaje El destacado historiador y periodista Javier Villarreal Lozano1 relata que el 13 de agosto de 1521 no sólo cayó la Gran Tenochtitlan. Junto a la capital de los mexicas se derrumbaron también los viejos dioses tutelares de los pueblos prehispánicos. El des- mantelamiento de los espacios religiosos se inició apenas Hernán Cortés y sus hombres se adueñaron de la ciudad. La intención era borrar todo signo de la antigua religión, a fin de hacer prevalecer la cruz y el cristianismo. Sobre el templo dedicado a Ehécatl se levantó la que llegaría a ser la Catedral metropolitana y, encima de los restos del Tem- plo Mayor, ombligo religioso y cultural del mundo en extinción, los conquistadores construyeron sus palacios. Fray Diego de Landa, arrojando a la hoguera los libros sagrados de los mayas en 1562, sería la imagen icónica de esa intención de borrar todo rastro de las antiguas creencias. Tal furia destructora no alcanzó a otras costumbres ajenas a las prácticas re- ligiosas. Las Leyes de Indias, por ejemplo, reconocían la preeminencia de los caciques indígenas sometidos a la Corona española, a quienes incluso se les eximía del pago de impuestos. Sin embargo, la operación de arrancar de raíz las creencias ancestrales no 1 Historiador, periodista, escritor, catedrático, promotor y funcionario cultural del estado de Coahuila, originario de Saltillo. CAPÍTULO 2 Las Danzas de los Matlachines: una tradición viva
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  77. 77. 88 fue tarea sencilla. Las mismas Leyes de Indias reconocían esta dificultad, como se hace notar en la Política Indiana recopilada por Juan de Solórzano y Pereyra: “…que aunque nuestro principal deseo ha de ser procurar traerles poco a poco a la vida deperfectosChristianos,todavíanolesqueremosquitardeunaveztodaslascostumbres que tenían y usaban en su infidelidad, aunque tengan algo de barbarismo, como no repugnen del todo a la ley natural y a la doctrina del Evangelio…2” Así,mientrasarrasabanlaspirámidesyutilizabansuspiedrasenlaconstrucciónde iglesiascatólicas,huboprácticasreligiosasque,sin“repugnardeltodoalaleynaturalya ladoctrinadelEvangelio”,fueronasimiladasyadoptadasporlanuevareligión.Debido aello,losprimerosmisionerosnosólotoleraronestasprácticas,sinoquetambiénadap- taron sus iglesias a las costumbres de los indígenas. De allí la presencia en el altiplano mexicano de las llamadas capillas abiertas, en las cuales los oficios eran atendidos por los conversos al aire libre, en el atrio de las iglesias, un sincretismo aconsejado porque las celebraciones religiosas en el México prehispánico se realizaban al aire libre, y no en recintos cerrados, como es lo usual en el cristianismo. Debemos a ese gradualismo la afortunadasupervivenciadeunamuyimportantecantidaddedanzasenprácticamente todo el país, cuya ejecución persiste hasta nuestros días, aunque la divinidad a quien con ellas se honra sea otra. Lucas Martínez Sánchez3 refiere que la danza y los variados grupos de danzantes, matlachines, de caballito, de conquista y otros, son grupos esencialmente surgidos y organizados en la colonia, barrio o ejido, que van siempre conformados por amigos y familiares. Son una tradición que no ha mantenido más rectoría que la propia comu- nidad al mando de sus capitanes o encargados de la danza. La cosmogonía de los naturales que los misioneros europeos alcanzaron a percibir no era más que el mal en todo su esplendor y acción. Por ello, negaron esa forma de vivir y su estrategia, además de estigmatizarla, fue suplantarla. Así, el mitote que era la reunión y celebración de los chichimecas, donde se danzaba por horas alrededor de la lumbreparaentonarcantosancestrales,fuetomadodeigualformacomounaceremonia diabólica a la que, por supuesto, había que combatir. 2 Política indiana en 1647. Esta obra es la versión en español y con modificaciones del Indiarum iure et gubernatore, capítulo xxv, 10 y pp. sig. 3 Lucas Martínez Sánchez fue director del Archivo Municipal en Monclova; es miembro de Número y Secretario del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas y miembro y ex presidente de la Aso- ciación de Cronistas e Historiadores de Coahuila. Actualmente dirige el Archivo General del Estado y es además autor de 15 libros sobre historia regional del estado de Coahuila.
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  82. 82. 93 Sin embargo, la danza perduró como reminiscencia cultivada o trasplantada, como un reflejo profundo del viejo mitote chichimeca. El cronista Alonso de León4 describió a detalle las costumbres de los indios como el mitote, y se refería a él como el momento de mayor relevancia entre los grupos del desierto, que igual realizaban para sus guerras, como para cualquier otra ocasión. Actualmente,lavestimentaquelosdanzantesconfeccionan,aunconlasexpresio- nes más novedosas, llevan incluidas de algún modo las plumas, un símbolo utilizado por todos los grupos indígenas como adorno de guerra de gran estima. En Coahuila, la danza que ha prevalecido a lo largo de nuestra historia es la Danza de los Matlachines. 2.2 Origen del vocablo Matlachín Jéssica Campos5 hace una diferencia entre la danza de los matachines y la de los matla- chines.Laprimera,dice,es“deprocedenciaespañolayestáconsideradacomounadanza religiosa cristiana”. La de matlachines, distingue la autora, “es de origen chichimeca” y se le da ese nombre en el estado de Zacatecas. Campos no señala la procedencia del término matlachín, cuyo encadenamiento de las letras “t” y “l” tiene un sonido que sugiereunparentescoconelnáhuatl,lenguaenlaquesoncomuneslosvocablosdonde ambas consonantes se unen. Pero ni en el Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana de Rémi Simeón,6 ni en otros lexicones consultados, se encuentra la voz matlachín. Simeón incluye numerosos términos con las preposiciones matl ymatlac, apócope de matlacatli, cuya traducción es “diez”:matlacolotl:“diezmazorcas”,aunqueenotrascombinacionessusignificadoes“red”. Tampoco Francisco J. Santamaría7 registra las voces matlachín y matachín en su Diccionario de Mejicanismos, quizá omitiendo la segunda por considerarla, como es, 4 El capitán Alonso de León, cronista del noreste mexicano, dice que los antiguos pobladores de esas tierras hacíangrandesmitotesenloscualesseembriagaban,danzabanunaeróticadanzaconsistenteenformarungran círculo en el cual, alternados hombres y mujeres estrechamente juntos los vientres con las espaldas, giraban hora tras hora sin descanso, y luego se entregaban a una orgía en la cual ponían en ejercicio grandes virtudes, como son la perseverancia y el no hacer distinción alguna de persona, sino tratar a todos por igual.Tanto les gustaban a aquellos indios sus mitotes que para convencerlos de recibir el bautismo los padres franciscanos les aseguraban que si se bautizaban se irían al Cielo. “¿Y qué es el Cielo?” –preguntaban los nativos. “El Cielo –respondían los frailecitos– es un mitote que no tiene final”. Entonces todos los inditos se bautizaban, bendito sea Dios. Consultado en http://www.vanguardia.com.mx/articulo/mitote 5 Campos, Jéssica. Danza de los matachines, comparativos. http://www.academia.edu/6150006/DAN- ZA_DE_LOS_MATACHINES_comparativos 6 Rémi Simeón, Diccionario de la lengua náhuatl o mexicana, editorial Siglo xxi Editores. 7 Francisco J. Santamaría, 1959. Diccionario de mejicanismos, Méjico, Editorial Porrúa, 1,197 págs.
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  85. 85. 96 castellana. Igual ausencia de ambos vocablos hay en el Diccionario de Aztequismos de don Cecilio A. Robelo.8 Matachín, en cambio, la recoge ya el Tesoro de la Lengua Castellana o Española, de Sebastián de Covarrubias y Orozco9 en 1611, referida desde entonces a una danza: “MATACHÍN. Díxose de matar. La danza de los matachines es muy semejante a la que antiguamente utilizaron los de Tracia, los cuales, armados con celadas y coseletes, desnudos de brazos y piernas, con sus escudos y alfanjes, al son de las flautas, salían saltando y danzando, y al compás ellas se daban tan fieros golpes que a los que miraban ponían miedo...” Covarrubias se extiende en la explicación, hasta llegar a la danza de su tiempo, el siglo XVII, y para ello cita a Pedro Gregorio Tolsano, la cual dice a ver imitado esta danza la moderna nuestra de los matachines. En desacuerdo con Sebastián de Covarrubias, Joan Corominas y José Antonio Pascual10 consideran a la palabra matachín de origen italiano, mattsccino, derivada de matto, “loco”, no de matar. Porsuparte,MartínAlonso11 leconfiereraízárabe:matawayyihin,“enmascarado”: “Hombre disfrazado ridículamente con carátula y vestido de varios colores ajustado al cuerpo desde la cabeza a los pies”. Sea cual fuere el origen, ya sea matar, loco o enmascarado, la voz pertenece al español por lo menos desde el siglo XVII, aunque en el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) de 2008, se define simplemente como “matarife”, sin relacionarlo con la danza, lo que sí hace la vigésima primera edición del DRAE, fechada en 1992. Así, el regionalismo matlachín —cuyas raíces están en duda— pudiera pasar de regionalismo a neologismo, como ha ocurrido con otras muchas voces popularizadas al margen de la sanción del DRAE. 8 Cecilio A. Robelo, Diccionario de Mejicanismos, Librería Navarro, México, D.F. 9 SebastiándeCovarrubiasyOrozco,1611,TesorodelaLenguaCastellanaoEspañola.Madrid,España. 10 JoanCorominas;JoséAntonioPascual,DiccionarioCríticoEtimológicoCastellanooHispánico,Editorial Gredos, Madrid, España, Vol. 3., 1,016 págs. 11 Martín Alonso. Diccionario histórico de la Lengua Española.
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  90. 90. 101 2.3 Surgimiento de una tradición La Danza de los Matachines o Matlachines llegó al sur de Coahuila durante el proceso de colonización, en particular con la fundación del pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala,pobladogemelodelaVilladeSantiagodelSaltillo,enelañode1591.Deesta región se extendió hacia Monclova, donde se menciona desde finales del siglo XVII y, luego, al resto del estado.12 Lucas Martínez Sánchez refiere que si ubicáramos la huella de influencia efectiva quehavenidoacompañandoalasdanzasdelnorestemexicano,yenparticularelámbito espacial que rodea a Coahuila, debemos considerar como determinante la influencia tlaxcaltecaenestetema.DesdelallegadadelasprimerasfamiliasafundarSanEstebande la NuevaTlaxcala y, a medida que los años transcurrieron, las nuevas fundaciones fueron una extensión de cultura e identidad tlaxcaltecas: Parras, Monclova, Nadadores, Viesca, Candela y Nava, además de Bustamante y Guadalupe en el estado de Nuevo León. Debemos ubicar algunas influencias en la Danza de Matlachines, como se le ha conocido, convirtiéndose en una marca de origen. Una de ellas fue la danza de pluma o conquista, de la que también existen testimonios, aunque, en la mayoría de los casos, han desaparecido. La llamada Danza de Matlachines era un baile peculiar de los indios tlaxcaltecas, quienes fueron los que la introdujeron en las colonias que vinieron a fundar en estos contornos y de ahí que aún perdure dicha expresión en el pueblo de San Esteban de Nueva Tlaxcala, en Nadadores e incluso en el barrio que denominamos El Pueblo y que antes lo formaban los de San Francisco de Coahuila y Tlaxcala. Dichas danzas se hacían durante las fiestas en honor de la Santa Cruz, San Isidro y el patrón Santiago. La danza vive todavía como lo hicieron sus antiguos protagonistas. Ni al espa- ñol, ni al encomendero gustaba su interpretación porque les recordaba la libertad. Al misionero le significó la personificación del mal y del diablo mismo y al párroco que le siguió no le quedó otra que ver la danza de soslayo, con cierta indiferencia, lo que la fortaleció, pues con su venia o sin ella la danza se seguía organizando. Esto nos indica lo valioso de su permanencia y arraigo: nació libre y sigue siendo, acaso, uno de los pocos espacios que la manifestación de la fe popular tiene para ser en sí misma una figura del sincretismo religioso que une a vecinos y comunidades sin mayor rectoría que un compromiso sagrado donde todos tienen una misión. 12 Arturo Villarreal Reyes, “Danza de los Matlachines”.
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  93. 93. 104 Losdanzantessonconsideradoscomoelelementomásautónomoeindependiente delamanifestacióndereligiosidadpopularenlaregión,herenciaviejaquehapersistido, mezcla de lo chichimeca y tlaxcalteca.13 2.4 Las Danzas de Matlachines en la actualidad, descripción y simbolismo Arturo Villarreal Reyes destaca que la danza de matlachines manifiesta la fortaleza de las tradiciones religiosas y culturales de Coahuila y es una herencia que ha persistido como un sincretismo que une a familias enteras, a barrios, colonias e instituciones y que ha encontrado en el actual gobierno un interlocutor que reconoce su importancia y su valor. Hoy por hoy, es una de las tradiciones más populares e importantes en Coahuila, ya que se tienen registrados más de doscientos grupos de matlachines y más de cuatro mil danzantes, lo que la posiciona como la danza más numerosa en el estado.14 Ladanzacomoexpresióngrupalseadaptaalamedidadelosespaciosydelpúblico. Es una fiesta que se lleva a cabo en las calles, plazas, banquetas, al interior de las iglesias, escenarios, centros culturales y en donde se manifieste su devoción; es una celebración de la gente, de la colectividad y una de sus particularidades es que suele ser compartida y bailada por el núcleo familiar en su conjunto. Esto garantiza la permanencia de la tradición de generación en generación. La danza, al tomar las calles, profesa el catolicismo y la fe a través de una manifes- taciónpopular,enlaquetodoslosestratossocialessonincluidos.Lacomunidadrespeta a los matlachines, su pasión se convierte en fiesta y es un orgullo tanto para quienes danzan como para quienes admiran las representaciones. Es una expresión compartida y bailada por familias enteras, de los abuelos a los nietos. Nace en las colonias, en los barrios o ejidos. Se trata de una tradición con identidad propia. La Danza de Matlachines es una expresión de múltiples símbolos ilustrados de muy diversas maneras, entre ellas, el acomodo de los danzantes, la coreografía del baile y los elementos del vestuario y los accesorios que los acompañan. Tiene un carácter guerrero con formaciones lineales, destacando el uso de un arco y flecha; se compone 13 Utilizando la Teoría de Control Cultural de Guillermo Bonfil Batalla, las danzas de matlachines podrían ser consideradas como componentes de la “Cultura Propia”, que incluye la Autónoma y la Apropiada. Véase Bonfil Batalla. La teoría del Control Cultural en el estudio de procesos étnicos. Clási- cos y Contemporáneos en Antropología, CIESAS-UAM-UIA, Anuario Antropológico, No. 86, 1988. Universidad de Brasilia, pp. 13-53. 14 Catálogo de danzas de Matlachines en Coahuila, 2017, Capítulo 3.
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  98. 98. 109 de dos capitanes al frente, el tamborero, un mayordomo y el Viejo de la Danza, quien con su látigo va dando las indicaciones, así como las órdenes de avanzar o detenerse. Losdanzantessecolocanendosfilas,loquetienecomosignificadolapresenciade dos bandos: una fila representa el bien, a los cristianos; mientras que la otra representa al mal, es decir, a los moros. Esto derivado de la tradición heredada de la histórica lucha entre moros y cristianos en España. Lacoreografíatienecomobasedoscuadrillas,cadaunaconuncapitánalfrente.Son ellos los encargados de marcar cada pisada y de dirigir el movimiento de ida y vuelta de las filas. Los enérgicos pasos marcan la estructura rítmica esencial de la representación y a estaestructurasesumansonesconcoreografíaconocidoscomoLaViborita,LosCaballi- tos, De Cuatro de Fondo, El Indio, El Verde, La Máquina, Cupido, ElTamborazo, etc. Un personaje logra lo que muy pocos: ser el más popular y a la vez el más odiado. Nos referimos al mejor conocido como Viejo de la Danza, que aparece en una muy significativa cantidad de danzas de matlachines en el estado.15 ElViejodelaDanza,entrelosmatlachinesdeCoahuila,portaenlamanoderecha un látigo, elemento que le sirve para guiar la dirección de los danzantes, para apresurar odetenerladanza.Simbolizaalmalysuobjetivoprincipalesdistraerlaatenciónpuesta sobre los danzantes. Hace todo lo posible por captar las miradas del público a fin que este no distinga que la danza es una ofrenda a un ser supremo –el bien–. Asusta a los espectadores,fingecaídasyhacebromas,perosiempreestáatentoaquienestádistraído, ya que con el látigo toma el alma de alguno de ellos; cuando la posee aparece en su mano izquierda una muñeca o muñeco que simboliza que su alma ya está en su poder. Suprotagonismoenriqueceestadanza.Hacenotarsujerarquía,puesseposesiona en su papel de un fuerte luchador y gobierna su danza. Tradicionalmente, viste un traje de recortes de tela o harapos de colores. En décadas pasadas, su máscara era de piel de chivo; ahora, fruto de la creatividad popular. Es más común ver a este “Viejo” maquillado o con máscaras de luchadores, pelucas de mujer, de ermitaño, rostros de políticos o figuras del espectáculo, de ancianos o hasta personajes de películas de terror, 15 El Viejo de la Danza de los matlachines nos remite directamente a otro personaje similar que aparece en las danzas de varios pueblos indígenas de Querétaro, mencionado por José Antonio MacGregor que es denominado Xitá. Este es un vocablo otomí ohñähño que significa “Viejo”. Es el personaje de la comu- nidad cuya principal función social es la de cuidar la tradición, preservar las costumbres y “abrir el camino” a los danzantes. Tras sus máscaras ancestrales, “el Xitá” transforma al joven en anciano, al simple mortal en terrible demonio, o en el más extraño animal... es el que enseña las danzas a los niños, el que impone el orden y la disciplina, el que asusta y bromea al pueblo congregado para la fiesta tradicional. MacGregor, José Antonio. Presentación en la revista Xitá, N° 1, editada por la Unidad Regional de Culturas Populares en Querétaro, Conaculta, dedicada a La Negritud en Querétaro, investigación realizada por Carlos García Martínez, México, 1992.
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  101. 101. 112 logrando con ello provocar gritos de miedo de niños y adultos que le huyen cuando se les acerca. Por su ingenio, aquellos que huyeron se vuelven a acercar para ser nue- vamente sorprendidos. El Viejo de la Danza se inventa y reinventa en cada representación, día con día. Parecieraquepierdesuesencia,peroalfinaleslamismaporquesetratadeunpersonaje fundamental y único para la danza de matlachines. La vestimenta de los danzantes está integrada por camisa, enagüilla o faldilla, pantalón, chaleco, huaraches, penacho y accesorios como la sonaja de guaje o flotador, el arco y, en ocasiones, por un escudo que se porta en el brazo izquierdo. En su mayoría el “estandarte” es llevado por mujeres, quienes se caracterizan como matlachines. La “enagüilla” o “faldilla”, que asemeja un largo taparrabo, originalmente era de piel o cuero y carrizo natural. Actualmente se utiliza con mayor frecuencia un popote de plástico duro que se adquiere en las comercializadoras. Este elemento también cumple con finalidades estéticas, pues suele ser de rojo intenso y se decora con dibujos de lentejuela, chaquira o latón, enmarcados con canutillo; por lo general, va del mismo color que la camisa. Enelpasado,losmatlachinesutilizaronlaspuntasolapartesuperiordelasvarasde carrizo, ya que es la parte más pequeña y se adecuaba de manera estética a la enagüilla. El chaleco es abierto y de colores contrastantes. Luce bordados con lentejuelas y chaquira, representando figuras de imágenes religiosas y flores. A las partes laterales de loschalecossuelenagregarseunoscolgantesquecontribuyenaremarcarelmovimiento de cada giro, paso y torsión. Esta forma tradicional de baile se apropió de los colores característicosdelasregionesétnicasquefueronacogiéndola,hastallegaraesosatuendos rebosantes de colorido. Originalmente se utilizaron figuras de animales, plantas, flores e inclusive figuras geométricas. Luego se agregó la imagen de la Virgen de Guadalupe o del santo venerado. Losdanzantesutilizanhuarachesconfeccionadosdecorreadeusonormalcomoel empleado por los campesinos. En la danza llevan en ellos una combinación de neolite y lámina, que sirven para ser escuchado el ritmo de cada son. También se utilizan huaraches de correa, con base de madera y suela de lámina. EnalgunascoloniasurbanaspopularesdelaRegiónSurestelellamande“tresagujeros”. El huarache de suela de lámina es muy pesado y resbaloso en el concreto o el pavimento, por lo que los danzantes además tienen que tener cuidado de no resbalar y caer. Por lo general, los adultos utilizan suelas de cinco láminas en cada huarache, con lo que el peso aproximado de cada uno es de un kilo.
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  106. 106. 117 A veces, al descender por las calles, es posible que a algunos danzantes se les des- pedace la cuerda de su huarache. Son sus familiares quienes les proveen de un huarache de repuesto para continuar con la danza. En la Matlachinada 2017 se incorporó otro tipo de huarache, por parte de la danza Apache Americana, procedente del municipio de Piedras Negras. El huarache es de base de madera y suela de lámina. Está elaborado de tal forma que es posible introducir un tenis en el mismo huarache: una nueva modalidad en la elaboración de este elemento. Algunas danzas recientemente agregan a la confección de su huarache un tocado o bor- dado de estambre en la parte superior y en alto relieve. Sehizoindispensableutilizarlascalcetascuandosecambióelhuarachetejidoporel de lámina y correa, ya que este último tipo produce ampollas. Las calcetas son de colores vivos,predominandoelrojoyelamarilloquesecombinandeacuerdoalcolordelacamisa. Durante la Matlachinada estatal 2017, la danza Apache Americana utilizó un atuendomuyparticular.Debajodelaenagüillallevanunasmallasmuyajustadasalapiel, de color negro, rotuladas con el nombre de la danza y decoradas con plumas; la calceta se rotula con un diseño similar. A la sonaja de tipo flotador le dibujan la imagen de un indio y la confeccionan con tiras de plástico de color amarillo y blanco en forma vertical. En el arco dibujaron de manera artesanal la imagen de un apache con su penacho y la figura de la luna con una estrella. A el arco le agregaron en los extremos tiras de plástico de color blanco con rizos en la parte inferior. En Saltillo se tiene documentado al grupo Mexica Tiahui, cuyos integrantes utilizan botas estilo vaquero para la danza de matlachines. Su director, Reynold Villa- rreal Sánchez, de 32 años, ha fusionado el traje tradicional con este nuevo estilo que enriquece la multiculturalidad de esta manifestación. Un dato importante es que cuando se dirigen danzando rumbo a una fiesta re- ligiosa, si el camino está en descenso o se presenta lluvia, los miembros se quitan un huarache a manera de freno. Avanzan con un solo huarache puesto y en el otro pie únicamente portan calceta. Llevan en la mano el otro huarache, vuelto a colocar hasta encontrarseelcaminoplanoodetierra.Enlaactualidadexistengrupos dematlachines que usan desde el zapato convencional hasta tenis e incluso algunos danzan descalzos. La corona o penacho está elaborada con plumas y espejos. Adornada de flores de materiales como tela, papel de china o plástico, luce rematada con listones diversos, los cuales resaltan el paliacate que, en ocasiones, cubre casi por completo el rostro del danzante, a excepción de nariz y ojos. Porelfrentedelpenachocuelgantirasconcuentasqueocultanunpocolosrostros y sus expresiones, a manera de máscaras vertiginosas que reiteran la velocidad de las
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  109. 109. 120 evoluciones realizadas. Se piensa que este recurso tiene sus orígenes en cierta tradición árabe para cubrirse la cara frente a los enemigos. Particularmente los penachos más tradicionales que se utilizan para la danza de matlachines son de cinco tipos: Resplandor, Cresta, Chimal, Comal e Indio America- no. Están elaborados de plumas de guajolote, pavo, gallina y, recientemente, de pluma sintéticademarabú16 parahacerlosmásvistosos.Unanuevamodalidadeslautilización deplumajedenominadodeescobeta,yaquetienemayorresistenciayseconservamásal mojarse, pues no se encoge tan rápido, como los otros tipos de plumas. Cada penacho, de acuerdo a su elaboración, utiliza diferente número de plumeros para darle forma y estilo propio. En el caso del de Resplandor y Cresta se requieren por lo general de 8 a 10 plumeros y para el de Chimal son necesarios 12. Estos elementos se fijan por medio de amarres a un casco o simplemente a una gorra de tela. En la Región Sureste el penacho tipo Resplandor es el más popular y el que tiene más tiempo en aparición y uso. Surge después el de Cresta. Este es más cómodo de utilizar,yaquelosplumerosvanenunabasetipocachucha,mientrasqueeldeResplan- dor se ajusta con una cuerda a la cabeza del danzante, lo que lastima constantemente. Es común que se utilicen plumas de los colores de la bandera de México, pero sin ser una regla ya que, en la Región Lagunera, en el municipio de Francisco I. Madero, se emplean algunos otros colores vivos, preferentemente el amarillo. En la Región Carbonífera, en el municipio de Sabinas y en la comunidad de Palaú, municipio de Múzquiz, es común el uso de colores naranja y azul. Aquí, además, portan penachos similares a los de la comunidad Kikapú, que habita en ese mismo municipio. EnlaRegiónNortedelestado,particularmenteenelmunicipiodePiedrasNegras, es más popular el empleo de penachos tipo Apache Americano y de corte Prehispánico conplumasdeguajolote.EnlaRegiónCarbonífera,enelmunicipiodeSabinas,utilizan plumas de color rojo, blanco y amarillo además naranja y azul, y han implementado en ciertas celebraciones la utilización de sombreros tipo vaquero. Los penachos también utilizan accesorios como un fleco al frente del casco, espejos, figurasreligiosas,floresybordados.LaimagenprincipalsiempreserálaVirgenGuadalupana. Las sonajas tienen una función esencialmente musical, de carácter rítmico, pero también favorecen al equilibrio del danzante al dar mayor protagonismo a los movi- 16 Ave zancuda parecida a la cigüeña, pero de mayor tamaño, con el pico largo y grueso, plumaje ne- gro en el dorso, gris en el pecho y blanco debajo de las alas y en la cola; tiene una bolsa membranosa colgante bajo el cuello, se alimenta de carroña y habita en las regiones cálidas de África y Asia. https:// www.google.com.mx/search?q=marabu&oq=marabu&aqs=chrome..69i57j0l5.3820j0j7&sourceid=c hrome&ie=UTF-8
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  114. 114. 125 mientos de los brazos. Anteriormente las sonajas se elaboraban a partir de las plantas llamadas guajes, pero en los últimos años han sido sustituidas casi en su totalidad por flotadores de sanitario, que por lo general van pintados de rojo y azul. El arco está hecho de madera. Representa que la danza proviene de una actitud guerrera y en la representación los danzantes se manifiestan como defensores de la fe, o también se utiliza para marcar el ritmo del son. Este elemento siempre va acompañado de una flecha del mismo material. En ocasiones, los danzantes portan un escudo en el antebrazo izquierdo elaborado con hojalata o forrado de plumas. Por lo general, llevan una imagen de la Guadalupana y puede tener accesorios como un espejo con grecas acentuando este elemento guerrero. La música se compone regularmente del violín y la tambora que ejecutan varias sonatas bailadas con distintas mudanzas. El son de El Indio es el más utilizado, le siguen los sones LaViborita, Los Caballitos, De Cuatro de fondo, El Indio, ElVerde, La Máquina, Cupido, ElTamborazo, El Chapiado, El Zoquetel, entre otros. El repertorio está formado porpiezasúnicas.SeidentificarondosdanzasdelmunicipiodeSaltillo,quehanincluido el instrumento del acordeón, y en una extraña y muy interesante fusión la danza mezcla elsonidodelacordeóninterpretandosonesdematlachinesyvallenatoscolombianos,tan demodaentrelosjóvenescoahuilensesyregiomontanosdesdehaceyaunpardedécadas. En los últimos años se está utilizando el instrumento del acordeón para apoyar a las danzas, que incluyen en fragmentos de su repertorio música popular norteña. Quienesejecutanesteinstrumentoporlogeneralvistenconropaligera,comopantalón de mezclilla y una gorra para cubrirse del sol. Algunos de los temas que se han incluido son: El pávido návido, La loba del mar, El gallito, El carretonero y Los coconitos. Lafechamáspopularylaúnicaconstanteentodoelpaísenlaquedanzanlosgrupos de matlachines es el 12 de diciembre para venerar a laVirgen de Guadalupe, herencia de la Conquista que se ha convertido en el más grande ícono religioso de México. Losgruposdedanzantessepreparanduranteelaño,confeccionantrajesnuevos,otros los restauran, bordan nuevas imágenes a los penachos o reparan los que estén dañados. Las representaciones varían de acuerdo a cada región del país, se basan en la celebración del santo patrono del pueblo, en las celebraciones de las parroquias, los novenarios, en el períododelluvias,eneventosculturales,enalgunasfiestasparticularesyaunenfunerales. No siempre se desarrollan con público presente; en algunas comunidades rurales, incluso en algunas colonias urbanas populares, ejecutan la danza para festejar al santo de su devoción de manera discreta y humilde. Puede organizarse también el domingo más cercano que marque en el calendario el santoral de la figura religiosa en la cual depositan su fe.
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  117. 117. 128 Regularmente, la danza se lleva a cabo en un improvisado esce- nario en calles, muchas veces de tierra, pero siempre en el exterior, al aire libre, como ese reclamo del pueblo al sometimiento cultural de la Conquista. Ejemplo de ello son los habitantes del ejido La Ventura del municipio de Saltillo, que veneran a San Francisco de Asís el 4 de octubre en una celebración similar. En esta comunidad se realiza la danza ese día para celebrar el aniversario luctuoso de don Porfirio Reynoso Medrano, quien fuera capitán de la danza Guadalupana. Actualmente esta danza es dirigida por su nieta María Francisca Reynoso Rodríguez. Los danzantes ini- cian a las seis de la tarde y terminan aproximadamente a las doce de la noche. A esta celebración también acuden matlachines del ejido El Salvador, Zacatecas y Monterrey. La celebración puede prolongarse varias horas, y su única in- tención es otorgarle esta ofrenda a un ser supremo sin importar sea numeroso el grupo de asistentes. Estos juegan un papel significativo dentro de la danza, ya sea a través del baile o, de manera organizada, se lesdesignalatareadeformarelaltar.Seutilizanmesas,cajasderejaque cubren con telas. El dueño, o quien tiene bajo su resguardo la imagen del santo, es quien coloca la imagen en el altar. Otros pobladores o familiares son los encargados de mantener hidratados a los danzantes y de preparar y servir los alimentos. En este tipo de celebraciones no se requiere la participación del personaje del Viejo de la Danza, pues se trata de algo más íntimo, familiar, de amigos, a veces con una dosis de nostalgia. El ejido celebra el día de San José, el 19 de marzo, y en la co- munidad de Tanque del Cerro, anexo a este mismo ejido, veneran al Sagrado Corazón de Jesús el 28 de junio. La danza lleva el mismo nombre del santo. La señora Elizabeth Balderas Herrera, de 38 años, comentaquetambiéndanzancuandomuereuncompañerodelgrupo y acompañan a la procesión hasta llegar al panteón.
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  121. 121. 132 En el calendario de representaciones de la Danza de Matlachines en Coahuila, destacan con un mayor número de frecuencia las siguientes fechas: 19 de marzo Día de San José, en Saltillo, en el ejido La Ventura. 29 de abril Día de Santa Catalina de Siena, en Ocampo. Último domingo de abril Fiesta a la Virgen de San Juan de los Lagos, en Parras. 3 de mayo Día de la Santa Cruz, en Sabinas y Juárez. 15 de mayo Celebración patronal de San Isidro Labrador, en Arteaga. Junio Matlachinada estatal, en Saltillo. 24 de junio Fiesta de San Juan Bautista, en Ocampo. 25 de julio Festejo de Santiago Apóstol, en Monclova. 25 de julio Aniversario de la Fundación de Saltillo. 25 de julio Aniversario de la Fundación de Viesca. Agosto Matlachinada, en Candela. 31 de julio Fiesta a Nuestro Señor de la Misericordia en Saltillo. 6 de agosto Celebración del Santo Cristo de la Capilla de Saltillo. 2º domingo de septiembre Fiesta del Santísimo Cristo del Ojo de Agua. 4 deoctubre SanFranciscodeAsís,ejidoLaVenturadelmunicipiodeSaltillo. 22 de octubre Señor de la Misericordia, en la zona centro de Saltillo. 9 de diciembre SanJuanDiego,comunidaddePalaú,municipiodeMúzquiz. 12 de diciembre DíadelaVirgendeGuadalupe,entodoelterritorionacional.
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